Suelen ser los lugares más tranquilos de un pueblo o de una ciudad. Por los menos, una vez al año, reciben la visita de sus deudos. Aunque viven en el recuerdo de los seres queridos, la veneración por los muertos viene de las culturas más antiguas. Ellos forman parte de la historia de toda comunidad. Los cementerios son un lugar de encuentro, especialmente la fecha en que se los evoca, el 2 de noviembre. Desde hace ya un par de lustros han comenzado a ser saqueados por los amigos de lo ajeno, en particular, aquellos nosocomios del interior de la provincia.
El sábado pasado, le dedicamos un amplio espacio a la necrópolis de Tafí Viejo, que viene siendo víctima de los saqueadores. La depredación de los mausoleos se repite sistemáticamente: se roban las placas de metal, de mármol, las manijas de los ataúdes y todo objeto que pueda ser reducido. La impotencia de los familiares es tal que muchos han preferido demoler los panteones y colocar en tierra los restos de sus seres queridos para dejar de padecer el constante latrocinio.
Los deudos quieren que la Policía se ocupe de la vigilancia del camposanto, que cuenta con serenos municipales. "Una placa cuesta más de $ 800. Nosotros pagamos los impuestos para el cuidado y mantenimiento del cementerio, pero desde el municipio no tenemos ninguna respuesta", se quejó una damnificada. Los vecinos afirman que el pillaje comenzó hace un lustro y pese a las denuncias, la Policía no les dio ninguna respuesta.
La secretaria de Obras Públicas de ese municipio afirmó que dentro del predio la seguridad está garantizada porque disponen de un equipo de vigilantes que trabaja durante las 24 horas y que les informa todo lo que ocurre en la necrópolis, pero que la Policía es la responsable de poner presos a los ladrones. Hizo hincapié en que son empleados públicos, que no cumplen la misma función que un servicio de seguridad privada. Agregó que la Municipalidad no puede controlar la acción externa de las personas que entran a robar los sepulcros. "Tenemos 23 expedientes en los que documentamos las denuncias por robos al cementerio. Sin embargo, no hay ninguna persona detenida", aseveró.
Es diferente la opinión del segundo jefe de la Unidad Regional Norte, quien manifestó que, a pesar de que reciben denuncias por robos a tumbas, no tienen registros en los que los serenos notifiquen los hurtos y, si sucediera un saqueo, los serenos deberían llamarlos. "Esa zona es patrullada por motoristas que, en caso de algún ilícito, acuden de inmediato", dijo el comisario. Acotó que a causa de los reclamos de inseguridad en esa zona de la ciudad, se dispuso una guardia permanente para prevenir los robos.
Si el cementerio tiene vigilantes, se supone que su trabajo es cuidar el patrimonio de los deudos, tarea que al parecer no cumplen porque la depredación es sistemática. Si tampoco le informan a la Policía de los hurtos, ¿cuál sería entonces su labor? Por otro lado, si los robos se vienen produciendo desde hace unos cinco años, y nunca hubo detenido alguno durante ese período, como señala la funcionaria municipal, significa que la Policía tampoco cumple con eficiencia su trabajo. La comunicación entre la fuerza de seguridad y el municipio no pareciera la ideal, a juzgar por la realidad que habla por sí sola. Mientras ambas partes dan las explicaciones del caso, los deudos de los muertos taficeños siguen siendo víctimas de un latrocinio que no parece difícil de erradicar.